Una pausa para mirarnos

 

Vivimos rodeados de personas que son importantes para nosotros: nuestros padres, hijos, pareja, amigos… Compartimos días, conversaciones, rutinas y encuentros. Pero, en medio del ritmo cotidiano, ¿cuánto tiempo dedicamos realmente a mirarlos y estar presentes con ellos?

A veces estamos cerca, pero nuestra mente está en otro lugar. Pensando en lo que tenemos que hacer, en lo que pasó durante el día o en lo que vendrá después.

¿Y si hacemos una pausa?

Una pausa para mirar a los ojos del otro y preguntarnos qué hay detrás de esa mirada.

Quizás encontremos una emoción que no habíamos percibido, una preocupación, una alegría, un temor, una experiencia que necesita ser compartida… o simplemente la necesidad de sentirse acompañado.

Conectar no siempre requiere grandes conversaciones. A veces comienza con algo mucho más sencillo: estar presentes.

Dejar por un momento todo lo demás, y...

  • Mirar. 
  • Escuchar sin apuro. 
  • Acompasar el sentir del otro. 
  • Darle el espacio para ser y expresarse.

Porque cuando alguien percibe que estamos verdaderamente presentes, también le estamos diciendo, sin necesidad de palabras:

“Sos importante para mí. Estoy acá con vos.”

Tal vez cultivar nuestros vínculos también necesite de pequeñas pausas.

Hoy te propongo una:

Elegí a alguien importante para vos. Miralo a los ojos, escuchalo y regalale unos minutos de presencia verdadera.

Y después preguntate:

¿Qué descubriste del otro que quizás la rutina no te estaba dejando ver?

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