¿Estoy acá… o solo estoy?

¿Estoy acá… o solo estoy?

Estamos cenando con alguien que queremos.

Salimos a caminar. Entrenamos. Tomamos un café. Conversamos. Incluso tenemos unos minutos para estar solos.

Y entonces aparece.

Una notificación. Un mensaje. Una pantalla que se enciende.

Casi automáticamente, nuestra mirada se dirige al teléfono.

Quizás sean apenas unos segundos. Pero algo ocurrió: dejamos por un instante el lugar en el que estábamos para estar en otro.

Y me pregunto cuántas cosas nos perdemos en esos pequeños momentos.

¿Cuántas veces no escuchamos realmente lo que alguien nos está diciendo?
¿Cuántas expresiones, gestos o silencios no vemos?
¿Cuántas veces compartimos una cena mientras nuestra atención está en otra parte?

Pero no sucede solamente cuando estamos con otros.

También podemos estar haciendo ejercicio mientras miramos permanentemente el teléfono. Caminando sin observar lo que nos rodea. Descansando mientras seguimos recorriendo una pantalla. Incluso intentando conectarnos con lo que sentimos mientras nuestra atención salta de una notificación a otra.

Estar no siempre significa estar presentes

Podemos tener nuestro cuerpo en un lugar y nuestros pensamientos en otro.

Y quizás ahí aparezca una nueva pausa.

No necesariamente una pausa para dejar de usar la tecnología, sino para preguntarnos cuándo queremos que esté presente y cuándo elegimos que no lo esté.

Porque estar presentes también puede significar intentar alinear, aunque sea por un momento, nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestras emociones con aquello que estamos viviendo.

Mirar a quien tenemos enfrente.

Escuchar sin estar esperando la próxima notificación.

Sentir nuestro cuerpo mientras caminamos o hacemos ejercicio.

Percibir qué nos está pasando.

Disfrutar una comida.

O simplemente permitirnos unos minutos sin necesidad de mirar una pantalla.

Mi pausa

Te propongo algo muy sencillo.

La próxima vez que estés compartiendo un momento importante, haciendo algo que disfrutás o simplemente estando con vos mismo, dejá el teléfono fuera de tu alcance durante unos minutos.

Y observá...

¿Qué aparece cuando la pantalla deja de reclamar tu atención?

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